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La Primera Gay Pride Argentina cumple 25 años

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Buenos Aires: Hoy, en la Legislatura porteña, tenemos la oportunidad de reconocer a los luchadores que integraron las organizaciones convocantes a la Primera Marcha del Orgullo Gay-Lésbico de la Argentina, al cumplirse 25 años de la edición de esa histórica cruzada.

En ese tiempo, el escenario sobre la igualdad de derechos y expresión en Buenos Aires era muy diferente. Los hombres y las mujeres comprometidos con esta lucha eran perseguidos, discriminados y hasta encarcelados por su orientación sexual.

Sin embargo, la valentía y el coraje por lograr la libertad, la igualdad y la diversidad —con esa consigna se realizó la Primera Marcha del Orgullo LGTBI, que se realizó en la Ciudad de Buenos Aires un frío 3 de julio de 1992— marcaron sus acciones y una lucha que sigue hasta la actualidad.

Con la presencia de unas 150 personas, algunas de las cuales debieron marchar con máscaras de cartón porque podían tener problemas en el seno de sus familias o perder sus empleos, en 1992, el colectivo Lesbianas, Gays, Personas Transgénero, Bisexuales, Intersexuales (LGTBI) decidió salir a las calles en una convocatoria oficial, unitaria e institucional que respaldaba el carácter mundial de estas marchas.

La Comisión Organizadora de la Marcha del Orgullo se conformó con las agrupaciones Gays por los Derechos Civiles (Gays DC), Convocatoria Lesbiana, Transexuales por el Derecho a la Vida y a la Identidad (Transdevi), Sociedad de Integración Gay Lésbica Argentina (SIGLA), Grupo de Investigación en Sexualidad e Investigación Social (ISIS), Cuadernos de Existencia Lesbiana e Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM).

La declaración firmada por las organizaciones decía: «Los derechos humanos y civiles de las personas gays y lesbianas y todas las otras minorías sexuales en la Argentina son violados. Así, un millón y medio de personas son discriminadas por la sociedad y el Estado. Aunque intentan educarnos para la vergüenza, los gays y las lesbianas de Argentina estamos orgullosos de nuestra forma de amar». Y reivindicaba: «Seguiremos luchando por alcanzar una vida más digna, porque sin libertad sexual no existe libertad política».

Aquella Marcha del Orgullo Gay-Lésbico repetía —de alguna manera— el eco vernáculo de la histórica revuelta de Stonewall que, en 1969, en la ciudad Nueva York, ponía de pie contra la represión policial y las leyes discriminatorias al colectivo LGTBI capitaneado por activistas trans de origen latino, lesbianas y algunos homosexuales.

Creo que siempre es necesario reconocer esta lucha, valorarla y ponerla en perspectiva a través de los años. Por eso, decidimos homenajear a los integrantes de estas organizaciones, algunos de ellos hoy no están vivos, pero dejaron su legado. Argentina ha logrado muchos avances en la ampliación de derechos y Buenos Aires se ha convertido en una ciudad de vanguardia en el tema. Desde distintos sectores y orientaciones políticas y sociales venimos trabajando para dar visibilidad y continuidad a esta lucha.

De aquellos duros tiempos a las multitudinarias Marchas del Orgullo LGTBIQ actuales han sucedido muchos realineamientos y han surgido nuevos actores del colectivo de la diversidad. Los cambios políticos han propiciado otras alianzas y otras formas de organización. Sin embargo, el espíritu fundacional de las Marchas del Orgullo se sigue manteniendo. Un espíritu que nace en las calles, en la Plaza de Mayo, rumbo al Congreso de la Nación, donde —como decía Carlos Jáuregui— los diputados alguna vez tendrían que escuchar los reclamos del colectivo LGTBI y legislar por sus derechos.

Ese grupo fundacional estuvo lleno de esperanza, valentía, coraje y decisión. Sin sus cuerpos, la Ciudad de Buenos Aires no viviría una de las manifestaciones sociales más importantes que tiene cita cada año desde aquel lejano 1992.

Nos sentimos orgullosos por la posibilidad de honrar a estas valientes personas, no sólo por sus decisiones políticas, sino fundamentalmente porque esas decisiones políticas hicieron que la ciudad fuera una urbe referente a nivel mundial en los derechos del colectivo de gays, lesbianas, bisexuales, personas trans e intersexuales.

Se conquistaron muchos espacios con esfuerzo y resistencia, por eso es nuestro deber, desde la gestión legislativa, acompañar la lucha y trabajar para traducirla en proyectos, no sólo para confrontar los diferentes tipos de violencia (física, sexual, psicológica, económica y simbólica) que las personas LGTBI han padecido y padecen, sino también para lograr la visibilidad suficiente para que dichos temas queden definitivamente instalados en el debate parlamentario y público.

Queremos construir ciudadanías plenas, sin importar lugar de origen, y que la polifonía social, cultural y sexual sea posible.

En síntesis, y parafraseando a Carlos Jáuregui: «En el origen de su lucha estuvo el deseo de todas las libertades».

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